Si queremos educar niños fuertes tenemos que saber que la inteligencia emocional es la clave

Si queremos educar en la fortaleza a nuestros niños tenemos que tener muy claro que la inteligencia emocional es la clave. Ser conscientes de sus emociones les ayuda a  controlar y a regular su realidad, abriendo camino a multitud de buenas experiencias.

Pero, como sabemos, no todo en la vida es bello y maravilloso. Lejos han quedado los antiguos ideales de Disney de príncipes y princesas con pocos objetivos más en la vida que entregarse a ciegas a relaciones dependientes envueltas en mundos mágicos llenos de brujas y dragones totalmente malvados.

Ni todo es como nos lo contaban ni el mundo se compone de tonalidades blancas y negras o, lo que es lo mismo, de buenos y malos que en esencia remarcaban que en ausencia del mal todo es fantástico y lleno de felicidad. Esto, sin duda, no es así, lo cual ofrece una imagen irreal del mundo con el que nos toca lidiar día a día.

Tenemos la responsabilidad de decirle adiós al “fueron felices y comieron perdices”. Nos toca dar paso al “la vida se construye desde la fortaleza de uno mismo”.

No podemos seguir pintando el mundo de rosa, porque crecerán y se encontrarán con problemas que no sabrán resolver por el enorme malestar y la gran sensación de incomprensión e injusticia que les generará.

Así, ayudarles y fomentar la consciencia de sus estados emocionales y de los ajenos pone la huella que marca el antes y el después en su camino hacia la fortaleza.

madre abrazando a su hija

La conciencia emocional, claves de su desarrollo

El desarrollo de la conciencia emocional en la infancia asienta las bases que ayudarán a generar buenas estrategias de regulación de las emociones. Así, una baja conciencia emocional conduce a estrategias regulatorias menos adaptativas y, por ello, menor capacidad de resolución de problemas.

La capacidad de conciencia emocional va evolucionando a lo largo del desarrollo infantil, encontrándonos desde sentimientos globales a experiencias emocionales diferenciadas y complejas.
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En este sentido, el desarrollo de esta competencia clave incluye aspectos atencionales y actitudinales que no podemos obviar. Veamos más detenidamente esto:

  • Los aspectos atencionales sirven para identificar y diferenciar las emociones, así como localizar aquello que las provoca e, incluso, manejar las sensaciones corporales que forman parte de la experiencia emocional (por ejemplo, tensión en el área abdominal).
  • Los aspectos actitudinales son necesarios para detectar las experiencias y expresiones emocionales que se producen en uno mismo y en los demás.
Profesora con niños en la clase
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Así, dependiendo de cada momento evolutivo, encontraremos que la conciencia emocional alcanza un papel determinante para unas u otras tareas vitales (formación de vínculos de apego, desarrollo de la cognición social, formación de la identidad, etc).

  • De 0 a 2 años: los bebés son capaces de prestar atención y reaccionar a las emociones de los demás. Si el cuidador sonríe, el bebé mira con mayor frecuencia. Si el cuidador se muestra triste, el bebé reduce el número de miradas y tiende a expresar facialmente tristeza. Este tipo de contactos favorece la formación del vínculo de apego.
  • De 2 a 5 años los niños deben aprender a diferenciar y comunicar verbalmente emociones básicas como la alegría, la tristeza, el enfado o el miedo. Aún fracasan al identificar la sorpresa. Esto favorece el desarrollo de la capacidad de considerar y comprender al otro.
  • De 6 a 12 años deben aprender a analizar sus propias emociones y a ser más conscientes de las sensaciones corporales que las acompañan, lo cual contribuye a la formación de la identidad.

La regulación emocional resulta a veces un camino complicado de recorrer

No solo basta con lograr que los niños comprendan y sean conscientes de sus emociones, sino que debemos propiciar que regulen y controlen sus reacciones de manera individual y en conjunción con los demás.

La regulación emocional es, muchas veces, la tarea pendiente en gran parte familias. Esto se debe a que gestionar las emociones no es un aspecto de fácil desarrollo.
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El principal error que se comete es enseñar a los niños que las emociones desagradables (tristeza o enfado), deben ser ignoradas (“no les hagas caso”) o cambiadas (“no te enfades por esta tontería”); es más, algunas veces, incluso se promueve la vergüenza hacia ellas (“no seas un llorón”).

niña de espaldas

Teniendo esto en cuenta, se entiende que la regulación emocional consiste en manejar las emociones de forma correcta una vez que se es consciente de ellas. Hay dos formas principales de promocionar el desarrollo de esta capacidad:

  • Basándonos en el control de la expresión emocional: el niño está muy enfadado pero intenta no expresarlo para solucionar el conflicto de otra manera porque, digamos, se adecua a ciertas reglas de expresión que promueven un beneficio mayor.
  • Basándonos en el antecedente: aquí podemos promover que el niño, siendo consciente de sus emociones, controle su conducta para manejar la activación inherente a la emoción.
El desarrollo de la conciencia emocional permite al niño conocer la razón por la que está sintiendo eso y, por lo tanto, notará que la situación es importante y que requiere atención. Esto les ayuda a construirse de forma flexible y robusta teniendo en cuenta todas las parcelas de su vida desde la más genuina realidad: la que ellos experimentan en su relación con el mundo.
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Niña con bote lleno de corazones

La conciencia emocional es el mejor vehículo para el cambio en nuestra vida. O sea, que tenemos que ser conscientes de lo que nos provoca sentimientos frustrantes y negativos o positivos y placenteros para encontrar aquellas maneras de fomentarlos, comprenderlos y controlarlos.

Si privamos a nuestros niños de un correcto desarrollo emocional, entonces obtendremos como consecuencia la incapacidad de comprender y evolucionar de acuerdo a sus sentimientos y emociones. Por ello, enseñar a los niños a observar, comunicar y aprender sobre sus emociones es esencial para favorecer su desarrollo y éxito vital. Por todo esto, nuestra responsabilidad principal en esta etapa es propiciar el desarrollo de su inteligencia emocional, la clave de la fortaleza.

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