El amor ciego me impide ver el bosque

Existe un dicho que dice que “la belleza está en los ojos del que mira”. Pero ¿qué pasa si quien observa está absolutamente cegado? Puedes ver un jarrón precioso, pero para muchos podría ser un verdadero horror. ¿Estás mirando desde el prisma del amor ciego?

Hasta ahora siempre hemos creído que el amor es algo precioso que enriquece nuestro mundo. Y puede ser cierto. No obstante, es posible que existan diferentes formas de amar, y cuando lo hacemos de manera ciega, las consecuencias no suelen ser buenas. No es algo que diga yo, es el resultado arrojado por un estudio científico.

¿Qué sucede con el amor ciego?

Las pruebas se han llevado a cabo por un equipo de la Universidad de Londres. En el mismo demuestran que el amor ciego existe. Además, según sus datos, los resultados de amar de esta manera pueden ser muy negativos.

También afirman que estas situaciones se pueden dar tanto en el amor que profesan los padres como en el amor en pareja. Al parecer, ambos producen efectos muy similares en nuestro cerebro. No obstante, en el caso del romanticismo, se activa el hipotálamo, lo que da paso a una mayor excitación.

Mujer con las manos en la cara

Precisamente en dicha excitación está la consecuencia más negativa del amor ciego. Al parecer, cuando estamos tan profundamente enamorados, también estamos inmensamente cegados. Esto viene asociado a una serie de consecuencias, de las que os hablamos a continuación.

Las consecuencias del amor ciego

Las consecuencias más negativas del amor ciego se centran en la crítica social. Nuestras emociones son tan fuertes que opacan la luz que tendría que iluminar el resto de cosas. Somos incapaces de ver imperfecciones en nuestra pareja, por lo que aquello que no hace bien es re-interpretado, dulcificado o directamente suprimido de la memoria por nuestra mente.

Además, puede que nuestra pareja nos esté haciendo daño; pero como es una daño frente al que estamos anestesiados, nos da igual. Cuando sufrimos de amor ciego, estamos tan centrados en la otra persona que todo tipo de emociones negativas relacionadas con ella son suprimidas. Puede hacer cuanto desee, pues somos incapaces de mantener la más mínima objetividad hacia esa persona: nuestra mente es tan fantástica que encuentra justificaciones para todo.

Si nuestro hijo es el matón del instituto, justificamos su comportamiento como una acto de defensa; si saca malas notas, es culpa del profesor que no explica; si nos contesta, es porque tiene muchas actividades que el generan estrés. Por otro lado, si nuestra pareja nos miente, es porque nos quería proteger; si no quiere quedar con nosotros, es porque tiene mucho trabajo; si fue infiel, es porque como pareja no le aportábamos lo que necesitaba. Son otros, en el amor ciego siempre son otros o nosotros, nunca la persona.

En definitiva, cuando caemos en las garras del romanticismo cegado, nos volcamos totalmente en la pareja, y olvidamos en buena parte qué y quién somos. Así, podríamos sufrir una infidelidad u otro tipo de vejaciones, pero el amor profundo que sentimos en nuestro cerebro impedirá que actuemos en consecuencia.

Más datos sobre el estudio

Los investigadores de la Universidad de Londres escanearon más de 20 cerebros. Todos ellos estaban expuestos al amor maternal, pero también en pareja. Si bien los efectos y reacciones eran similares, había una diferencia clara. La diferencia entre ambos tipos de situaciones radicaba en que el amor en pareja genera un estado de euforia. Se debe a que los cerebros liberaban más oxitocina y dopamina, encargadas de los mecanismos del placer.

Así pues, siendo el amor un sentimiento que produce honda felicidad y gran placer, si estamos enamorados hasta no ver, nuestro cerebro sufre esa agradable sensación y pretende mantenerla intacta. Ahí radica el problema del amor ciego.
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Con un cerebro totalmente aferrado al placer, una persona enamorada hasta la ceguera idealiza a su pareja. De ahí que nazca una especie de sentimiento de adoración absoluta que impide un mínimo grado de objetividad.

Niña con los ojos vendados

El amor puede ser maravilloso

Como conclusión, podemos decir que el amor puede ser maravilloso. Sin embargo, este estudio nos vuelve a demostrar una máxima muy útil. Todo en su justa medida es precioso, pero el exceso o defecto no suele conllevar consecuencias positivas.

De todas formas, no es seguro que nuestro cerebro sea capaz de detectar un amor ciego. Así pues, si caemos en sus redes, no es sencillo salir, ya que nos convertimos en seres impermeables a las críticas ajenas y absolutamente entregados a nuestra pareja. Además, no lo hacemos de manera consciente, ya que ignoramos este filtro: para nosotros, lo que pensamos es real.

¿Existe solución a este posible problema? No se atisban ideas claras. Generalmente, el tiempo da y quita razones. Además, si te enamoras de una buena persona, lo lógico es que no te haga daño y te quiera bien.  En este caso, el hecho de no sentir dolor y estar anestesiado no estará tapando daños graves; lo preocupante sucede cuando este daño sí existe, y el amor ciego nos anestesia frente al sufrimiento que nos avisa de los daños.

Es decir, que si caemos en las garras del amor ciego, estamos en cierta manera perdidos. Pero nada en este mundo es para siempre. Así que disfruta de cada segundo de tu vida y deja que el tiempo y tu sentido común pongan a cada uno en su sitio.

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